APUNTES GENERALES PARA UNA ACCIÓN POLÍTICA DE DEMOCRACIA SOCIAL AVANZADA EN SALTO

Cuando visita nuestra ciudad para las presentaciones de libros o en las charlas telefónicas en FM 2001,   el Sociólogo Saltense, Juan Jorge Barbero siempre mantiene contacto permanente con Salto y sus vecinos, hoy compartimos una nota enviada por él en relación a la situación que se está viviendo con la pandemia del Covid-19

APUNTES GENERALES PARA UNA ACCIÓN POLÍTICA DE DEMOCRACIA SOCIAL AVANZADA EN SALTO
Ante las exigencias inauditas que con fuerza aluvional se desprenden de la pandemia Covid-19, considero que el hecho específico de la decisión del gobierno de Alberto Fernández de transferir por DNU a municipios y comunas el poder de control de precios en los pequeños comercios, abre posibilidades de mucho valor para pensar amplificaciones y futuras profundizaciones que acaben implicando avances cualitativos en el despliegue de la democracia en nuestro país. Son dos los puntos que de manera muy breve y esquemática pretendo ahora exponer. En primer lugar, a través del contenido de esta decisión gubernamental se pone una vez más en evidencia, de modo por cierto indirecto e implícito, el rol subalterno que hasta hoy los municipios han cumplido en la dinámica social de la historia del Estado argentino, municipios siempre ubicados, en el mejor de los casos, como "ruedas menores" del ordenamiento político nacional. En segundo lugar, el desarrollo futuro del contenido de esta decisión podría dar lugar a la configuración de un horizonte de posibilidades que apunte a revertir la larga situación de subalternidad estructural de los municipios mediante una estimulación constante y sistemática, ejercida desde los Estados municipales, tendiente a la organización/activación de una sociedad civil que históricamente se ha manifestado pasiva, incluso pasivizada. Si se fusionan estos dos puntos, se hace posible esbozar un criterio político que creemos de cierta originalidad en el transcurso de la realidad argentina: un vínculo dialéctico, es decir, un ida y vuelta fluido, de pendulación regular e ininterrumpida entre Estado y sociedad en las geografías municipales, ida y vuelta en el que los Estados municipales adquieran aptitudes para construir mecanismos no corporativistas de intervención sobre la sociedad civil y, al mismo tiempo, la sociedad civil intervenga masiva y organizadamente sobre el Estado, transformando así la democracia de baja intensidad, en la que vivimos desde 1983, en una democracia de alta intensidad, prácticamente inédita en la historia social e institucional argentina (con escasos ejemplos en la historia latinoamericana). La dialéctica de la imbricación Estado/sociedad que aquí esgrimimos, cuyo objetivo máximo es que la representación política pueda asentarse en una participación social de masas, no tendría a la simetría como característica central, dado que si la intervención del Estado municipal como promotor de la organización de la sociedad civil sería decisiva para vitalizar un proyecto de transformaciones sociales profundas, todavía más decisiva sería la intervención organizada de la sociedad civil sobre el Estado municipal, fundándose justamente en esta asimetría, favorable en última instancia a la intervención organizada de la sociedad civil, la originalidad que esta propuesta encierra.

En el esquema que rápidamente acabo de exponer, los núcleos de trabajadores industriales que actualmente sobresalen en la escena laboral de Salto, actuando de manera coordinada, podrían convertirse en los factores coagulantes de un bloque civil-popular, de honda y amplia penetración en la conciencia ciudadana de la población, que cree las condiciones para el desenvolvimiento en la ciudad de un programa político democrático de impronta social y avanzada. Si resulta en alguna medida exitoso, dicho programa podría ser legítimamente postulado como ejemplo claro de que las variadas realidades municipales del país, partiendo por supuesto de las situaciones que en su particularidad las han definido, son capaces de desplazarse desde las dimensiones de la "pequeña política", en donde han permanecido desde los tiempos de la formación del Estado nacional, hacia las dimensiones de la "gran política", como protagonistas esenciales de la tarea de reconstrucción nacional que se planteó como necesaria cuando supimos que la mitad de los niños del país sobreviven por debajo de la línea de pobreza.

Los argumentos que aquí presentamos reciben su inspiración más general de determinadas piezas bibliográficas y periodísticas producidas en la cultura política argentina. Primero, de la vieja y ya mítica tesis doctoral presentada por Lisandro de la Torre en 1888, titulada "El régimen municipal", cuando citando a Alexis de Tocqueville el maestro rosarino expresaba: "El municipio es a la democracia lo que la escuela primaria es a la ciencia"; luego, del folleto titulado "Lo que puede hacer la municipalidad en manos del pueblo inteligente", redactado y publicado en 1917 por el líder obrero de origen chileno Luis Emilio Recabarren. Pero la inspiración argumental más puntual, reciente y contundente la obtenemos del estudioso argentino José María Aricó, señalado por muchos como el exponente más encumbrado que del terreno de las corrientes críticas de las ciencias sociales latinoamericanas ha surgido en los últimos cincuenta años, cuando en las páginas de la revista "Punto de vista" nos dice, en 1990, mientras con denuedo intentaba sacar del olvido las experiencias comunales del pasado argentino e imaginar entidades colectivas que brindaran pautas resolutivas para la crisis urbana: "Un proyecto de avance social significa, antes que nada, un nuevo modo de gobernar. Y cuando digo un nuevo modo de gobernar me refiero a la capacidad de movilizar energías y recursos políticos, económicos, administrativos y culturales al servicio de una efectiva acción de renovación y reforma de la ciudad. Un nuevo modo de gobernar tiene en cuenta fundamentalmente todas aquellas fuerzas, movimientos, asociaciones, grupos, que en la ciudad constituyen un tejido democrático civil conectivo de tipo nuevo. Porque la crisis no sólo destruye sino también hace emerger nuevas formas de sociabilidad, de solidaridad y de autodefensa del ciudadano frente a problemas que el bajo perfil de la política municipal deja en el aire".                                       

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