Compartimos el artículo del sociólogo saltense Juan Jorge Barbero , con reflexiones sobre los últimos hechos acontecidos en nuestra ciudad que involucra a los trabajadores de Bagley .
SOBRE ALGUNOS CONFLICTOS EN SALTO: REFLEXIONES POLÍTICAS PARA UN PROYECTO DE DEMOCRACIA SOCIAL AVANZADA EN LA CIUDAD
El conflicto manifestado en Salto en los últimos días, en torno a la negativa de la empresa Bagley, ante un pedido formal del gobierno municipal, a actuar expeditivamente licenciando a trabajadores provenientes de localidades vecinas con casos positivos de coronavirus, ha llevado a muchos a preguntarse lo siguiente: ¿qué instituciones podrían estar estructuralmente dispuestas a liderar el desarrollo de una ética pública?, ¿qué instituciones auspiciarían un comportamiento de vasto alcance social, nutrido por criterios de reciprocidad y por valores como la solidaridad y la fraternidad? Creemos que no debería extrañarnos que las instituciones empresarias de gran magnitud, que llegan a tener al globo terrestre como teatro de operaciones de su actividad lucrativa específica, no se vean dispuestas a realizar (mucho menos a estimular y liderar) comportamientos de alcance masivo vinculados a la solidaridad y a la fraternidad, valores pertenecientes al riñon de las vertientes universalistas, sociales y avanzadas de la tradición democrática, tradición que aspira a que tanto el mercado como el Estado lleguen a ser públicamente/socialmente controlados. Evidentemente, instituciones a la vez ágiles y masivas de ética pública podrán ser en última instancia realizadas por los sectores populares de la sociedad civil, a través de los mecanismos de auto-organización que en la fibra íntima de esos sectores puedan gestarse.
Pero, considerando a los distintos protagonistas que se han visto de algún modo involucrados en el conflicto, ¿resulta posible identificar allí a actores colectivos potencialmente dispuestos a engendrar instituciones robustas de ética pública?; formulando la misma pregunta con otras palabras, ¿es posible identificar en este conflicto a actores colectivos con capacidad de trasladar a toda la sociedad hacia dimensiones sociales/avanzadas de la tradición democrática? La respuesta no es para nada sencilla, pero de cualquier modo intentaremos encararla en el breve espacio de este artículo.
Encontramos en el centro del conflicto a los asalariados de los grandes centros industriales alimenticios y frigoríficos, principalmente a la dirigencia sindical de este fundamental y masivo sector laboral de la ciudad. En este contexto, son algunos pormenores de este protagonismo de la dirigencia sindical los que nos permiten ver aspectos de la realidad que nos depositan provisoriamente en la siguiente conclusión, de peso decisivo en nuestro razonamiento: en Salto hay una presencia sindical de cierta relevancia, pero prácticamente no existe movimiento obrero. De esta ausencia en Salto de un movimiento obrero (ausencia que contrasta fuertemente con el destacado nivel de masividad de sus asalariados industriales), se desprenden al menos dos consecuencias de gran calado: 1) se clausura cualquier posibilidad de realizar en la práctica sindical transformaciones en materia de objetivos institucionales, de naturaleza organizativa y de estilo de dirección, imprescindibles para responder con eficacia crítica al despliegue tanto del neoliberalismo como de las corrientes cerradamente corporativistas del mundo del trabajo; 2) se neutraliza la notoria potencialidad que portan los trabajadores industriales saltenses de convertirse en una fuerza colectiva aglutinante de un amplio y diversificado bloque social, capaz de proyectar una reforma intelectual y moral de la matriz cultural que históricamente ha caracterizado a la dinámica de la ciudad.
La crisis de larga data que nos atraviesa y que la pandemia no ha hecho más que agudizar en todos sus términos, extendiendo su alcance a puntos centrales de un orden capitalista mundialmente integrado, nos está obligando a afrontar una tarea que podríamos llamar de reconstrucción nacional. En un marco latinoamericano que se vio sacudido (sobre todo a finales de 2019, dramáticamente) por la crítica, entre otras cosas, a la brecha abismal que en las últimas décadas se fue produciendo entre los ámbitos concentrados de la decisión política y la carencia de recursos políticos de la sociedad, ¿qué papel desempeñarán los territorios municipales en esta tarea de reconstrucción nacional? Al menos en lo atinente al municipio de Salto, partiendo de la contradicción ya expuesta entre una presencia sindical de cierta importancia y la ausencia de movimiento obrero, la primera respuesta que en principio podemos ofrecer es la de colocar en el centro de las preocupaciones civiles y gubernamentales la construcción de un movimiento obrero que se erija en factor convocante/coagulante de un bloque social amplio y diversificado. Si este camino comienza a ser transitado, creemos que se podrán sentar las bases del surgimiento de expectativas políticas valiosas, dado que puede crear la confianza en que el desarrollo de un movimiento obrero masivo y dinámico, orientado por ideas derivadas del cooperativismo y del asociacionismo, pueda dar sustento de masas a un sistema de representación política debilitado en su propia estructura y permita impulsar un proceso de profundización democrática al convertir a los municipios (mejor dicho, a los territorios municipales) en instancias estratégicas de un proyecto de reconstrucción nacional direccionado "de abajo hacia arriba". La subalternidad que los municipios han experimentado en la larga marcha de la historia argentina ha tenido un carácter preponderantemente político, en el sentido de que, desde la timidez atávica de los municipios, desde su increíble y ya inaceptable bajo perfil, ni siquiera se ha buscado el modo de forjar actores colectivos-populares que coloquen la fuerza de ambiciosas expectativas de democracia social avanzada en el núcleo de las políticas provinciales y nacionales.
El exigente desafío de crear un círculo virtuoso de teorías y prácticas políticas que logre combinar actores colectivos de raigambre municipal con grandes escenarios de reconstrucción nacional, quizás pueda encontrar una primera y muy estimulante inspiración en la pluma clásica de nuestro Esteban Echeverría, cuando en esas extensas cartas dirigidas a Pedro de Angelis, en uno de los segmentos del texto en que el legado argumental de José Gervasio Artigas y Manuel Dorrego pareciera ser evocado, le pregunta directamente a su interlocutor: "¿Quiere usted para su país un Congreso y una Constitución? […] ¿Cómo conseguirá ese fin? Por medio de la organización del poder municipal en cada distrito y en toda la provincia, en cada provincia y en toda la República. […] El distrito municipal será la escuela donde el pueblo aprenda a conocer sus intereses y sus derechos, donde adquiera costumbres cívicas y sociales, donde se eduque paulatinamente para el gobierno de sí mismo, es decir, para la democracia. […] En el municipio se echarán los únicos indestructibles cimientos de la organización futura de la República. ¿Cuándo, se preguntará usted, tendrá la sociedad argentina una Constitución? Al cabo de 25, de 50 años de vida municipal, cuando toda la vida municipal pida la Constitución a gritos, cuando la Constitución salga de la vida municipal como la estatua bellísima sale de la mano del escultor. […] Quiero que la autoridad social se delegue jerárquicamente en cada provincia a las municipalidades establecidas. Quiero […] que la prensa discuta y popularice el sistema municipal, que la religión a través de sus sacerdotes lo prediquen, lo haga conocer al pueblo y lo santifique con su sanción. Quiero, en suma, que en los focos municipales se concentre toda la vida intelectual, moral y material de la sociedad argentina".
En estas contundentes palabras esgrimidas por Echeverría cerca de su prematura muerte, que parecen completar tramos significativos de las célebres páginas de El dogma socialista por él escritas algunos años atrás, podrían tranquilamente tomarse como la materia prima que, mucho tiempo después, contribuyó a moldear ideas esenciales en el estudioso argentino José Aricó. Expresadas en Buenos Aires, en 1990, durante un concurrido coloquio sobre "Reformas institucionales", en Aricó brilla con luz propia la importancia medular conferida a actores colectivos de origen municipal en la elaboración de una escala de valores de nuevo tipo, novedad capaz de brindar pautas firmes para la formación de nuevos comportamientos, al calor de un criterio de proyectualidad social palpable y visible, ante la imperiosa necesidad de revertir la profunda degradación que, desde la última fase del siglo XX, viene atravesando tanto al desarrollo de la vida urbana como a la sensibilidad política de la vida cotidiana de las personas. Imbricando a Esteban Echeverría con José Aricó en la instancia de reconstrucción nacional que desde Salto se deberá enfrentar, lo que creemos que debería regir es una ardua labor, simultáneamente científica y política, que en el territorio municipal tienda a generar condiciones que permitan a los electores, en cada rincón de la ciudad, decidir sobre programas y personas, que permitan renovaciones y amplificaciones significativas en las instituciones de representación y de delegación de poderes, y que, al fin y al cabo, permita fundar la legitimación de todas las políticas en el consenso vinculante de los electores. En la ciudad de Salto, un bloque social amplio y diversificado, con el conjunto de los trabajadores industriales convertido en su factor convocante/aglutinante, podría encarnar mejor que nadie el sentido último de estas propuestas.
